El proyecto buscó promover la práctica inclusiva del Karate-Do como herramienta de bienestar físico y emocional, autocuidado e integración comunitaria, desde una perspectiva de género. Mediante clases abiertas, demostraciones, actividades de difusión y contenidos audiovisuales, se fomentó la participación de distintas personas y se cuestionaron estereotipos asociados a esta disciplina, destacando su aporte al bienestar integral y la convivencia.