El proyecto buscó contribuir al desarrollo integral y al bienestar de la comunidad estudiantil mediante talleres socio-recreativos que combinaron la expresión artística con la reflexión espiritual. A través de actividades manuales, como la pintura de velas y cuadros, y espacios de conversación en torno a la fe, se promovieron el crecimiento personal, el sentido de comunidad, las habilidades sociales y una pausa significativa frente a las exigencias de la vida universitaria.